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Lecciones de los Incas para enfrentar cambio climático


By Rodrigo de Oliveira Andrade









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[CUSCO, PERÚ] Mientras las negociaciones en la 20ª Conferencia sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (COP20) avanzaban lentamente en Lima, Perú, en diciembre, aproveché para viajar al Valle Sagrado de los Incas en Cusco, la capital del imperio incaico en los siglos XV y XVI. Quería ver cómo está afectando el cambio climático a los Andes peruanos. A través de imágenes y entrevistas, esta reportaje muestra cómo evalúan los investigadores los efectos del cambio climático y ayudan a la población local a adaptarse.



Mi primera parada fue en Moray, un sitio arqueológico que se encuentra a unos 3.500 metros sobre el nivel del mar. Moray acoge lo que pudo haber sido un centro de investigación agrícola en la época de los incas. Los expertos creen que el área de terrazas concéntricas se usó para experimentar el cultivo de especies de diferentes plantas silvestres a diversas alturas. De esta manera, los Incas pudieron averiguar qué plantas crecerían mejor a diferentes altitudes y temperaturas.




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Sitio inca de Moray, que parece haber sido una estación de investigación agrícola

El nevado Chicón, en el sur de Perú, puede verse claramente desde las colinas que circundan Moray. Chicón se encuentra en la cordillera de Vilcabamba, una cadena de montañas que se extiende unos 260 kilómetros al noroeste de la ciudad de Cusco.



Los investigadores del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) han observado que los glaciares de la Cordillera han perdido casi un cuarto de su volumen en las últimas décadas.




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Chicón, una montaña en la cordillera de Vilcabamba

La región del Cusco tiene 508 kilómetros cuadrados de glaciares, el área más grande de todas las regiones del Perú. En Moray, pregunté a Harol Miguel Alagón, mi guía de SERNANP, que está causando que los glaciares se derritan.



Me explica que las causas siguen siendo inciertas, pero que hay indicios de que el clima de la región ha cambiado, lo que ha provocado, por ejemplo, el calentamiento anormal de la superficie del océano Pacífico en su vertiente oriental tropical, fenómeno conocido como El Niño. “La temperatura media en los Andes se elevó 0,8 grados a lo largo del siglo pasado y en los últimos 40 años ha habido un aumento en la frecuencia e intensidad del fenómeno de El Niño”, dice Alagón.



El retroceso de los glaciares andinos probablemente se verá reflejado en los glaciares tropicales de todo el mundo si las temperaturas atmosféricas siguen aumentando a la tasa observada en las últimas décadas. Según el Banco Mundial, el Perú alberga el 71 por ciento de los glaciares tropicales del mundo. Sin embargo, en los últimos 30 años, la superficie de los glaciares peruanos se ha reducido en 22 por ciento.




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Los ríos andinos son alimentados en gran parte por las aguas del deshielo de los glaciares

En el viaje de cuatro horas a la ciudad inca de Machu Picchu conversé con Alagón sobre cómo el retroceso de los glaciares afectará la vida de la población local. “La mayoría de estos glaciares son pequeños, de menos de dos kilómetros cuadrados”, explica. “Sin embargo, proporcionan la mayor parte del agua que se utiliza para sostener la agricultura, abastecer a las ciudades andinas —sobre todo en otoño e invierno, la época más seca del año— y producir electricidad”, señala.






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Además de proporcionar agua para uso doméstico, los ríos andinos también son vitales para la agricultura y la generación de electricidad

Alagón subraya que la falta de agua puede causar conflictos entre la población local, dado que depende de este precioso recurso para el riego de sus cultivos, así como para el saneamiento básico.



Gran parte del hielo derretido en los Andes corre hacia el río Urubamba, que alimenta la central hidroeléctrica de Machu Picchu.



Los glaciares en el lado oriental de los Andes son también la fuente de los arroyos que alimentan los principales ríos de la cuenca Amazónica, al este. Estos glaciares contribuyen de manera importante a generar los sedimentos ricos en nutrientes de los ríos que sustentan la rica biodiversidad del área.




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La reducción de los glaciares podría causar conflictos locales a medida que el volumen del río disminuya

En las estribaciones de los Andes, donde comienza la llanura amazónica, los investigadores de la Estación Biológica de Villa Carmen —ubicada al norte de Cusco, a cargo de la ONG Asociación para la Conservación de la Cuenca Amazónica (ACCA)— están ayudando a la población local a adaptarse al cambio climático desarrollando una técnica para producir biocarbón, una forma de carbón vegetal usado como fertilizante.



Para hacer el biocarbón, se quema el bambú en un horno aproximadamente a 800 grados Celsius mientras se limita el suministro de oxígeno. Cinco horas más tarde, el bambú quemado es retirado del horno, enfriado con agua y molido en pequeños pedazos. El proceso completo demora alrededor de siete horas.




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Biocarbón, una forma de carbón vegetal usado como fertilizante, hecho de bambú

Yngrid Espinoza Villaruel, coordinadora de investigación agrícola en Villa Carmen, explica cómo funciona. “Al contacto con la tierra, el biocarbón actúa como un imán, reteniendo nutrientes importantes”, dice. “Eso ayuda a aumentar la fertilidad del suelo, contribuyendo  al crecimiento de diversas variedades de plantas”. La superficie porosa del biocarbón es particularmente acogedora para las bacterias y hongos que necesitan las plantas para absorber los nutrientes del suelo. También retiene el agua y aumenta la fertilidad de la tierra haciéndola menos ácida.




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El paso final en la producción de biocarbón es enfriarlo con agua y molerlo

Se necesitan alrededor de 5.000 toneladas de biocarbón para fertilizar una hectárea de tierra de cultivo. Esta técnica es muy común en China, pero ha sido introducida en Villa Carmen solo hace dos años. Los investigadores todavía están probando la técnica para verificar si realmente beneficia el suelo.



Me interesaba saber si los habitantes locales la habían adoptado. Espinoza me dice que las primeras señales son prometedoras, pero la producción de biocarbón todavía se sigue probando en las plantaciones de Villa Carmen. “El objetivo es desarrollar y mejorar la técnica y luego distribuirla a los agricultores locales”, dice.




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El biocarbón aumenta la fertilidad del suelo haciéndolo menos ácido

No obstante, los estudios de la estación muestran que la técnica ya está generando beneficios económicos a la población local. Heather Nobert, asistente de investigación en biocarbón en Villa Carmen, dice que los investigadores les compran a los pobladores el bambú que conviertan en biocarbón. “Pagamos 1.5 soles (alrededor de 50 centavos de dólar) por cada bambú que nos traen”, informa.



Actualmente, los investigadores están probando el efecto fertilizante del biocarbón en los cultivos de yuca, maíz, pimientos y caña de azúcar.




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El biocarbón actúa como un imán, ayudando el suelo a retener nutrientes importantes

Los investigadores de Villa Carmen también están trabajando para mejorar las prácticas agrícolas locales. Muchos agricultores cultivan variedades no indígenas, que no son adecuadas para el suelo local y que, por eso, reducen gradualmente su fertilidad. Como resultado, los agricultores pronto descubren que los cultivos ya no crecen más. “Entonces abren nuevas áreas de pastos muchas veces quemándolos para desbrozar las áreas arbóreas”, indica Yhilbonio Farfán, trabajador de Villa Carmen.



En Latinoamérica, la tala de bosques para la agricultura contribuye a la intensificación del cambio climático. Los investigadores de Villa Carmen me aseguran que esta práctica está alterando el microclima y el ciclo del agua en esta región del Perú.



Pregunto a Farfán si los agricultores locales están sintiendo ya los efectos del cambio climático. “La temporada de lluvias en la región ya no es como antes”, responde. “Llueve menos en momentos en que debería llover más”.



Los principales impulsores de la pérdida de bosques siguen siendo la explotación forestal y la ganadería. La deforestación en la Amazonía peruana se incrementó significativamente en 2013. Cerca de 145.000 hectáreas de selva fueron taladas el año pasado en comparación con un promedio de 113.000 hectáreas por año desde 2001, de acuerdo con las cifras presentadas en la COP20 por Gustavo Suárez de Freitas, quien dirige el Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente de Perú.




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Los bosques de neblina son bosques siempre verdes en las montañas, con frecuencia envueltos en niebla y nubes

Con esto en mente, nos pusimos en marcha para subir 3.000 metros hasta los bosques de niebla de la Estación Biológica de Wayqecha —también a cargo de la ACCA—, cerca a la región del Cusco. Wayqecha significa hermano en quechua, la lengua indígena. Este centro de investigación se encuentra en la entrada principal del Parque Nacional del Manu, que alberga un hábitat de bosque húmedo y rico en especies.



En Perú, los “bosques de neblina” se encuentran principalmente en la vertiente amazónica de los Andes. Aunque algunos están en áreas protegidas, muchos otros son vulnerables a la deforestación o ya han sido profundamente desbrozados.




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Para restaurar las áreas degradadas de los bosques de niebla se cultivan árboles locales y otras plantas

Conversé con Carlos Manuel Zariquiey, coordinador científico de las estaciones de Wayqecha y Villa Carmen sobre los esfuerzos para reforestar las áreas degradadas del bosque de niebla. “Replantamos especies de plantas locales y árboles”, dice. “Hemos elegido especies locales porque no causan ningún tipo de estrés al suelo y crecen más fácilmente”.



En el interior de un invernadero, Zariquiey me muestra las plántulas de aliso, Queñua, llama llama y árboles de Chachacoma. Explica que la ganadería y los deslizamientos son las principales causas de la degradación de la tierra en la región. "Al replantar las especies cultivadas en Wayqecha, estamos tratando de limitar la erosión del suelo", añade.




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Los deslizamientos de tierra son una de las principales causas de la erosión en la región

Para ayudar a cultivar las plantas, los investigadores de Wayqecha han construido un biodigestor que transforma la materia orgánica en abono líquido y ofrece biogás para abastecer a la estación con energía eléctrica.



Con su trabajo, ACCA está ayudando a la gente de las regiones andinas y amazónicas a cultivar variedades de plantas de forma sostenible sin afectar a la calidad del suelo o degradar los bosques para la agricultura. El objetivo es ayudar a la población local a adaptarse a las nuevas condiciones ambientales, desarrollar modelos para predecir los cambios futuros y comprender mejor el comportamiento de las especies de los bosques, el clima y los animales.





La versión original de este multimedia se publicó en la edición global de SciDev.Net



Este artículo fue publicado originalmente en SciDev.Net. Lea la versión original aquí.


AGUA PARA UN MUNDO SOSTENIBLE

Informe de las Naciones Unidas sobre los recursos hídricos en el mundo 2015

“Los recursos hídricos, un elemento clave en las políticas de lucha contra la pobreza, a veces se ven amenazados por el desarrollo. Ante el constante aumento de la demanda de agua y la explotación excesiva de las reservas subterráneas, tenemos que cambiar nuestro modo de llevar a cabo la evaluación, gestión y utilización de este recurso del que depende nuestro futuro. Este es el llamamiento de la nueva edición de 2015 del Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo. Sus conclusiones son sumamente útiles en momentos en que la comunidad internacional se dispone a definir el nuevo programa de desarrollo destinado a suceder a los Objetivos de Desarrollo del Milenio”, declaró la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova.

Por su parte, Michel Jarraud, Presidente de ONU-Agua y Secretario General de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), afirma: “El agua y el saneamiento son esenciales para alcanzar muchos objetivos de desarrollo sostenible. Existe ya un consenso internacional sobre la importancia fundamental de ambos elementos, debido a que están indisolublemente vinculados al cambio climático, la agricultura, la seguridad alimentaria, la salud, la energía, la equidad social, la igualdad entre los sexos y la educación. Tenemos que avanzar en la mensurabilidad, seguimiento y aplicación de los programas de abastecimiento de agua y saneamiento”.

Una demanda en aumento


En 2000, la India contaba 19 pozos de agua perforados mecánicamente o entubados, frente al millón que tenía en 1960. Esta revolución técnica desempeñó un importante papel en la lucha de la India contra la pobreza, pero el subsiguiente desarrollo de los regadíos agrícolas provocó un considerable estrés hídrico en las regiones meridionales y orientales del país, en particular en los Estados de Maharastra y el Rajastán.

Este ejemplo es de por sí ilustrativo de los vínculos complejos que existen entre el acceso al agua y el desarrollo. Indispensable para el crecimiento económico y la lucha contra la pobreza, el acceso al agua hace de este preciado elemento un recurso natural directamente afectado por el desarrollo socioeconómico. Para resolver este problema es preciso equilibrar la demanda y el abastecimiento, objetivo para el que queda un largo trecho por recorrer. A pesar de los considerables avances logrados en los últimos años, todavía hay en el mundo

748 millones de personas privadas de acceso a fuentes de agua preservadas de la contaminación. Las primeras víctimas de esta situación son los pobres, las poblaciones marginadas y las mujeres.

Nunca como ahora nuestro planeta ha estado tan sediento. Para responder a las necesidades en agua de una población mundial cada vez más numerosa, el sector agrario y el energético tienen que incrementar constantemente su producción. De aquí a 2050, el sector que más agua devora, la agricultura, tendrá que producir un 60% más de alimentos a nivel mundial y un

100% más en los países en desarrollo. Además, la demanda de bienes manufacturados también tiende a aumentar, lo cual hace que la presión ejercida sobre los recursos hídricos se acreciente. Según las previsiones, en el periodo 2000-2050 el aumento de la demanda de agua del conjunto de la industria mundial se va a cifrar en un 400%.

La gestión del agua sigue sin efectuarse de manera sostenible, a pesar de que la demanda global se ha disparado –de aquí a 2050 está previsto que aumente en un 55%– y de que un 20% de las aguas subterráneas del planeta están siendo explotadas abusivamente. El regadío intensivo de tierras cultivadas, el vertido incontrolado de plaguicidas y productos químicos en los cursos de agua y la falta de tratamiento de las aguas residuales –que afecta al 90% de las aguas de esta clase en los países en desarrollo– son ejemplos manifiestos de las carencias.

Presiones del desarrollo económico sobre los recursos hídricos

El costo ambiental de todas esas prácticas contrarias a una gestión sostenible del agua es muy importante. Se traduce por contaminaciones masivas y pérdidas cuantiosas de numerosos recursos hídricos. En las planicies del norte de China, por ejemplo, el regadío intensivo ha provocado un descenso del nivel de la capa freática que se evalúa en unos 40 metros. El costo ambiental se traduce también por el deterioro –a veces irreversible– de muchos ecosistemas, en particular en las zonas de humedales y las costas. La consecuencia de esto es una merma considerable de la capacidad de esos ecosistemas para purificar y almacenar el agua.

A todas esas presiones se suman las ejercidas por el cambio climático. En efecto, la mayor variabilidad de las precipitaciones lluviosas y la elevación de las temperaturas provocadas por la alteración del clima provocarán un aumento de la evaporación de los suelos y de la transpiración de los vegetales. Además, la elevación del nivel del mar ocasionada por el cambio del clima puede afectar a los acuíferos de agua dulce de las zonas costeras o bajo influencia marina. Algunas ciudades de esas zonas empiezan a ver sus acuíferos subterráneos invadidos por agua salobre de origen marino, como ocurre en Calcuta (India), Shangai (China) o Dacca (Bangladesh). Otro tanto ocurre con algunos archipiélagos del Océano Pacífico, como los de Tuvalu y Samoa, donde la salinización excesiva de las aguas subterráneas impide a sus habitantes obtener el agua dulce suficiente para cubrir sus necesidades, viéndose así obligados a importar volúmenes de agua potable cada vez mayores.

Según predicen los autores del informe de las Naciones Unidas, la intensificación creciente de todas esas presiones sobre los recursos hídricos puede desembocar en una competición por el agua entre diferentes sectores económicos, e incluso entre regiones y países.

El informe señala también carencias en la gestión racional y sostenible del agua e insiste en la necesidad de modificar los métodos actuales de evaluación, gestión y utilización de este recurso vital. Hoy en día, el agua se paga con frecuencia a un precio inferior a su valor real y, además, no se tiene en cuenta a la hora de adoptar decisiones en el sector energético y el industrial. Por regla general, las decisiones que determinan en gran medida la utilización que se debe hacer del agua suelen estar en manos de un reducido número de partes interesadas del sector público, semipúblico y privado, que se guían sobre todo por una visión estrecha, a corto plazo, sin tomar suficientemente en cuenta las cuestiones ambientales.

El círculo virtuoso del desarrollo sostenible

El informe destaca la función que pueden desempeñar los poderes públicos para influir en las opciones estratégicas que tienen repercusiones determinantes en la perdurabilidad de los recursos hídricos. Los autores del documento preconizan que se limite la construcción y utilización de centrales térmicas, que producen hoy en día el 80% de la energía eléctrica y devoran grandes cantidades de agua. La limitación de la producción termoeléctrica se puede lograr, por ejemplo, subvencionando energías renovables como la solar y la eólica, aunque actualmente todavía sean costosas. En el ámbito de la agricultura, el consumo excesivo de agua también se puede limitar dando subvenciones a los agricultores que optan por sistemas de regadío eficientes. En un país tan árido como Chipre, los subsidios a los campesinos han permitido que se modifique considerablemente su actitud con respecto a las técnicas de riego y que se impongan métodos menos despilfarradores de agua.

La transición a modos de producción más sostenibles tiene indudablemente un costo en inversiones, pero éstas generan un círculo virtuoso, según el informe. En efecto, algunos estudios han mostrado que por cada dólar invertido en la protección de una cuenca hidrográfica se ahorran hasta 200 dólares en costos de tratamiento del agua. En Uganda, por ejemplo, es preciso invertir cada año 235.000 dólares con vistas a optimizar el tratamiento de vertidos y desechos que se necesita para preservar la integridad ecológica del humedal de Nakivubo. Gracias a esa inversión, este ecosistema húmedo depura el agua destinada a la capital del país, Kampala. El valor del servicio de depuración así prestado por el humedal a esta ciudad se estima en unos dos millones de dólares anuales. En Estados Unidos, se ha estimado que la gestión adecuada de la parte alta de las cuencas hidrográficas que abastecen de agua a Nueva York permite al municipio de esta ciudad ahorrar cada año 300 millones de dólares.

Los esfuerzos realizados por algunos países indican que es posible lograr una mejor gestión y una utilización más escrupulosa de los recursos hídricos, incluso en los países en desarrollo. Una muestra palpable de esto nos la ofrece la Administración de Abastecimiento de Aguas de Phnom Penh, la capital de Camboya. Este organismo, que hace veinte años se hallaba gangrenado por la corrupción y al borde de la quiebra, se ha convertido hoy en uno de los servicios de abastecimiento de agua más eficientes del mundo. En 1998 logró reducir las pérdidas del preciado líquido en un 60% y en 2008 éstas representaban solamente un 6% del volumen de agua suministrado, lo que sitúa a este servicio de abastecimiento camboyano a un nivel de resultados comparable con el de un país desarrollado como Singapur.

En estos momentos en que las Naciones Unidas se disponen a adoptar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para el periodo 2016-2030, el informe subraya que uno de esos objetivos debe estar íntegramente centrado en la cuestión del agua. También preconiza que, a diferencia de lo ocurrido con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2001-2015), no se haga hincapié exclusivamente en el acceso al agua y el saneamiento, sino que se tengan en cuenta otras cuatro cuestiones: la gobernanza de los recursos hídricos, la calidad del agua, la gestión de las aguas residuales y la prevención de catástrofes naturales ocasionadas por el agua. El organismo interinstitucional ONU-Agua ha formulado una propuesta a este respecto. Se prevé que la adopción de los ODS tendrá lugar el próximo otoño durante la celebración del correspondiente periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo es fruto de la colaboración entre los 31 organismos de las Naciones Unidas y las 37 organizaciones internacionales que componen ONU-Agua, De su elaboración se encarga el Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos (WWAP), albergado por la UNESCO. Destinado en un principio a hacer un balance global de la situación de los recursos hídricos en el mundo, este informe se ha venido publicando hasta 2012 con una periodicidad trienal, pero desde 2014 se edita anualmente y tiene un carácter monográfico. Su presentación al público se efectúa ahora con motivo de la celebración del Día Mundial del Agua, cuya temática coincide con la del informe.

Acceda al informe completo:  Enlace

Global agencies call for urgent action to avoid irreversible groundwater depletion

Photo: ©FAO/Olivier Asselin
A Senegalese farmer transfers well water into a holding container.
New vision and global framework for action on groundwater governance released.

Daegu/Rome/Washington, D.C. - FAO, UNESCO, the World Bank, GEF and the International Association of Hydrogeologists have today called for action by the global community to manage the increasingly urgent depletion and degradation of limited groundwater resources.

Ahead of the 7th World Water Forum in South Korea (12-17 April), the five organizations have proposed a set of principles governments can use for better groundwater management. The 2030 Vision and Global Framework for Action represent a bold call for collective, responsible action by governments and the global community to ensure sustainable use of groundwater.

For too long, groundwater governance has been an area of policy neglect, resulting in the degradation and depletion of this critical resource. Global groundwater withdrawals have tripled over the past half century -- more than a fourth of current withdrawals are non-sustainable. Widespread groundwater pollution is threatening humans and the environment. Most urban aquifers suffer from sanitation issues while coastal aquifers are exposed to saline water intrusion. Industrial pollution, pesticides and fertilizers also find their way into reservoirs.

The amount of renewable groundwater is unevenly distributed across regions. Some areas, especially those with low rainfall, are at risk more than others. Withdrawal intensity is highest in large parts of China, India, Pakistan, Bangladesh, Iran, the United States, Mexico and Europe. This could result in lost freshwater reserves at a time when groundwater storage is critical for sustaining water security and adapting to climate variability.

"Since time immemorial humans have sought water from the soil. But we have moved from a village being based around a well to whole cities and industries being built around groundwater," said Junaid Ahmad, Senior Director of the World Bank Group Water Global Practice. "We have learned how to dig ever deeper, pump ever harder, and how to turn deserts into breadbaskets. But we have not also increased the rate at which our groundwater is recharged, and so we should not be surprised when our wells run dry. Much as we have invested in pumps and crops, so now we must invest in groundwater governance."

Groundwater is indispensable to poverty reduction and shared prosperity. It accounts for more than a third of municipal and industrial supply and services some 40 percent of the planet's irrigated agriculture. Groundwater has the potential to provide an improved source of drinking water for millions of urban and rural poor people. Many poor farmers and their families depend on it to irrigate their crops and sustain their livelihoods.

The 2030 Vision and Framework for Action provides an enabling framework and guiding principles for coordinated action among governments and organizations.

"Sustainable management of groundwater is key to maintaining ecosystems and adapting to climate change," said Naoko Ishii, CEO and Chairperson of the Global Environment Facility (GEF). "We can no longer take this invisible but vital source for granted; urgent action is needed to ensure its long term availability. We look forward to joining hands with partner agencies and countries to ensure water for drinking, food, cities, energy and industrial uses is available for generations to come."

In response to the urgency of the situation and a product of four years of consultations with stakeholders from more than 100 countries, these principles focus on legal and institutional frameworks, policies, and plans as well as information and incentive structures for sound and effective groundwater management.

This process signals strengthened collaboration across the international community to understand the barriers to better groundwater governance and address key regional challenges.

"Collective and coordinated action is urgently needed to protect and prolong the integrity of our aquifers," said Moujahed Achouri, Director of the Land and Water Division of the Food and Agriculture Organization (FAO). "The cost of inaction can be enormous. This vision and framework is an urgent call to decision-makers to act now with the right political decisions to help reach globally shared goals of social and economic development".

"To make groundwater governance a reality, it is necessary to foster cooperation among countries, especially on transboundary aquifers,” said UNESCO Director-General Irina Bokova. "Water directly influences our future, we must work together to manage this precious resource more sustainably."

Fuente: FAO




José Ramiro Benites Jump
 
Un suelo vivo brinda muchos servicios a los ecosistemas: secuestro de carbono, disponibilidad de nutrientes, regulación del ciclo del agua y producción de alimentos. Se estima que alrededor del 25% de los suelos agrícolas en el mundo están degradados. Al mismo tiempo, no estamos manejando correctamente los suelos disponibles en uso y, obviamente, esto constituye un problema en un mundo cambiante. Si fuéramos capaces de restaurar la fertilidad y la productividad de los suelos sin ampliar la frontera agrícola podríamos producir 25% más alimentos y disponer de un sumidero importante de carbono que ayudaría a mitigar el cambio climático.

Soya con cobertura de avena negra (Avena strigosa). Autor
Soya con cobertura de avena negra (Avena strigosa). Autor

Para restaurar los suelos se necesita aumentar el contenido de materia orgánica. La composición y velocidad de descomposición de la materia orgánica afectan las condiciones físicas y biológicas del suelo: estructura y porosidad, tasa de infiltración del agua, diversidad y actividad biológica de los organismos, y disponibilidad de nutrientes para las plantas. Además de proporcionar nutrientes y hábitat para los organismos que viven en el suelo, la materia orgánica también une partículas en agregados y mejora su capacidad de retención de humedad.

Los agricultores pueden tomar muchas medidas para mantener, mejorar y reconstruir sus suelos, especialmente los que han sido cultivados por mucho tiempo. Una clave para la restauración del suelo es maximizar la retención y el reciclaje de los nutrientes a través de la descomposición de los rastrojos y otros residuos de las cosechas. Sin embargo, la reconstrucción de la calidad y la salud del suelo pueden llevar varios años, especialmente en zonas áridas donde la escasa humedad reduce la producción de biomasa y la actividad biológica, como sucede en la costa árida del Perú (Young, 2003).

En suelos saludables, las lombrices generan una red de macroporos verticales denominados “bioporos”, los cuales son muy efectivos para el ingreso y movimiento del agua y el aire y para el crecimiento de las raíces. Se estima que un 60% del agua de lluvia se infiltra por los bioporos. Si se usa labranza intensiva, la estructura del suelo se destruye y se pierde la porosidad en donde reside la vida de los suelos. Estos suelos necesitan mucha agua y fertilizantes para producir y, al estar descubiertos por la remoción o incorporación de rastrojos, quedan expuestos a la luz solar y al impacto de la lluvia que provocan la erosión y aceleran la oxidación de la materia orgánica convirtiéndose en CO2 que se libera a la atmósfera, lo cual contribuye al calentamiento global.

Contribución de la Agricultura de Conservación a la formación de suelos vivos y saludables

La Agricultura de Conservación (AC) puede ayudar produciendo dos efectos sobre la materia orgánica del suelo: reducción de su pérdida y aumento de su contenido. La AC consiste en la integración de tres condiciones: i. mantener el suelo protegido, como en la naturaleza, donde siempre está cubierto; ii. no mover el suelo para mantener su estructura y porosidad, y sembrar abriendo un pequeño surco para poner allí la semilla, y iii. aumentar la diversidad de plantas mediante la rotación de cultivos. En resumen, la AC implica la siembra de cultivos con alteración mínima del suelo desde la cosecha del cultivo anterior. Los agricultores tienen que conservar los rastrojos en el campo sin incorporarlos y distribuirlos uniformemente por toda la superficie (Benites y otros, 1999).

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Suelo bajo cobertura continua. Autor
La cobertura es cualquier material orgánico –hojas en descomposición, cortezas o compost– que, esparcido en el suelo, lo enriquece y protege del impacto directo de las gotas de lluvia erosivas. Al reducir la evaporación y suprimir el crecimiento de malezas, la cobertura contribuye a la conservación del suelo; también mejora el reciclaje de nutrientes y la acumulación de materia orgánica y, consecuentemente, la captura de carbono.

La rotación de cultivos significa que diferentes cultivos se alternan en el mismo campo, preferentemente cereales seguidos de leguminosas. La rotación permite un mejor uso del agua ya que los cultivos con diferentes sistemas de raíces utilizan el agua a diferentes profundidades del suelo, y también reduce el ataque de plagas y enfermedades. Las rotaciones ayudan a utilizar los nutrientes del suelo de manera más eficiente. Además, en una rotación, las leguminosas fijan el nitrógeno en el suelo para el beneficio del cultivo de cereales sucesivo.

La adopción de la AC tiene dos efectos principales sobre las actividades y los ingresos de la finca. Por un lado el técnico, que implica la disminución o eliminación de la erosión, el incremento de la fertilidad del suelo, la reducción de la resiembra y de la mano de obra, el uso controlado y menor de productos químicos y fertilizantes, y por otro, los agricultores encuentran un efecto económico directo en el aumento de la ganancia por la reducción de mano de obra, menor uso de agroquímicos y mayor rendimiento. Además, al reducirse el tiempo requerido para las actividades de campo, se usan menos combustibles y lubricantes y el uso de los tractores, maquinarias y otros equipos es menor, lo que resulta en costos más bajos de mantenimiento y reparación, y en un incremento de la vida útil del equipo.

Importancia del papel de la AC en la adaptación al cambio climático y en su mitigación

El cambio climático abrupto causado por la interrupción en los ciclos globales del carbono y el nitrógeno, causa del aumento de la concentración atmosférica de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido de nitrógeno (N2O) –llamados gases con efecto de invernadero–, es responsable del calentamiento global. La adopción de la AC, con los consiguientes ahorros de combustible, insumos químicos y reducción de la erosión del suelo, tiene un potencial estimado de captura de carbono de 0,6 a 1,2 Pg/año (Petagramo [Pg] = 1015 g), por lo que los agricultores que la practican podrían ser compensados por mitigar el cambio climático. Además, la AC también mejora y mantiene la producción de los cultivos y asegura la seguridad alimentaria de la población, mientras que mejora la calidad del medio ambiente.
 
Reflexiones finales

Por lo general los agricultores y los técnicos son reacios al cambio que significa pasar de una agricultura convencional a una AC porque esto significa romper una serie de convencionalismos, como el considerar a los rastrojos como basura; con frecuencia se les escucha decir: “cómo voy a sembrar encima de la basura, está llena de plagas y enfermedades”. Ellos siempre quieren arar, dejar el terreno limpio que es la herencia de los conceptos de la agricultura de los climas templados traídos por la Colonia. Hay una gran cantidad de conocimientos, pero tenemos que poner más ciencia, más tecnología y más conocimiento en este tipo de sistemas agroecológicos. Los agricultores que están produciendo con la tecnología de AC contribuyen al secuestro de carbono, a preservar la biodiversidad y a la regulación del ciclo del agua. En síntesis, están contribuyendo a la vida en el planeta y deben ser recompensados. Es importante recordar que el reto es mantener el 5% del suelo que es materia orgánica, por supuesto, no es algo que se pueda empacar, transportar y entregar y no hay receta única para incrementarla en el suelo. No podemos decirles a los agricultores que deben hacer esto, eso o aquello; tenemos que encontrar soluciones adaptadas localmente, así que la mejor manera de hacerlo es incluir de manera efectiva a los agricultores en el desarrollo de la tecnología. Lo que necesitamos es el diálogo entre el conocimiento científico y el conocimiento de los agricultores. No vamos a resolver el problema si pensamos que tenemos la solución y queremos imponerla.

 
Los agricultores andinos
Los agricultores campesinos de los Andes que viven entre 3 000 y 4 000 msnm trabajan en condiciones muy duras y, por lo general, en pendientes muy pronunciadas. A lo largo de siglos han desarrollado técnicas para conservar el agua y el suelo con formas de cultivar la tierra adecuadas a las características del paisaje de alta montaña, como son la construcción de terrazas escalanodas, también llamadas andenes. Desde la época precolombina los agricultores andinos han practicado la AC utilizando la kasuna, el allachu, la chakitaclla, el kituchi y otras herramientas para una siembra directa sin remoción del suelo y con el mantenimiento de una cobertura vegetal protectora. Las prácticas de manejo de suelos consistían en enriquecer el suelo cubriéndolo con paja y abono orgánico, en régimen de rotación de cultivos y de policultivos. De esta manera mantenían un suelo vivo con gran cantidad de materia orgánica, capaz de retener el agua y los nutrientes.
 
Los agricultores del sur de Brasil
Por los años 80 un grupo de agricultores de Ponta Grossa, Paraná, fundó el “Clube da amigos de la Minhoca” (Club de amigos de la lombriz de tierra) para promover el “Plantio direto”, un conjunto de prácticas biológicas de manejo que permiten desarrollar suelos sueltos, con buena formación de agregados que faciliten la circulación del aire, el agua, los nutrientes y la penetración de las raíces. Las plantas que crecen en este tipo de suelo con altos contenidos de materia orgánica gastan menos energía en el enraizamiento. Esto requiere enfocar el manejo de los recursos biológicos del suelo junto con las funciones hidrológicas y el reciclaje de nutrientes, complementados, cuando sea necesario, con obras físicas adecuadas en las laderas de pendiente pronunciada.
 
En la cordillera de la costa central de Chile
En el Fundo Chequén, propiedad de Carlos Crovetto, después de 20 años de siembra sin arar, se han observado significativos cambios en la estructura y fertilidad de los antiguos suelos erosionados, debido al aumento del contenido de materia orgánica en los suelos alfisoles. Esto se debe al incremento paralelo en los rendimientos de diferentes cultivos en rotación como trigo, triticale (híbrido de trigo y centeno), maíz y lupino, lo que a su vez aumenta el contenido de rastrojos sobre el suelo. En la rotación maíz-trigo (riego y secano) se deja anualmente sobre el suelo un promedio de 12 t/ha de rastrojo, debidamente manejado. El aumento de la materia orgánica (0,3% anual) en el suelo, al inicio sobre la superficie y luego en horizontes subyacentes, ha generado su adecuada nutrición favoreciendo a la microbiología y la mesofauna endémicas. Esta mayor actividad biológica ha aumentado el carbono orgánico y, con ello, su contenido húmico.
 
Selva nororiental peruana
Alberto Ikeda compró una finca e hizo lo que todo el mundo hace: tumba y quema. El primer año hubo una buena cosecha; hizo una segunda siembra y obtuvo la mitad de la producción de la primera; en la tercera ya no sacó nada, las tierras se habían degradado. Actualmente tiene alrededor de 200 hectáreas de tierras sembradas con agricultura de conservación, tratando de copiar los procesos naturales que pasan en un bosque donde el hombre no ha intervenido, o sea que caen las hojas, ramas, animales y todo va formando parte de este medio natural, una manera natural de compost. Al inicio preparó el terreno de manera convencional usando el arado, pero después nunca más movió el suelo. Aplicando los principios de la AC sobre suelos que ya estaban degradados, donde había menos de 1% de materia orgánica, esta aumentó a 3% y 4%. A medida que los suelos se fueron recuperando, ya hubo materia orgánica ayudando a retener el agua y, lentamente, el mismo rastrojo se ha ido convirtiendo en nutrientes para las plantas. También se observa que hay menos enfermedades y plagas en los cultivos.
 
En la costa árida del Perú
En Cañete se han efectuado días de campo para divulgar la tecnología de AC para que los agricultores siembren maíz en rotación con otros cultivos. También se está promoviendo cobertura en diversos frutales que por tradición se mantienen completamente descubiertos y donde, si cae una hoja, hay que recogerla de inmediato por temor a las plagas. Los productores de frutas han empezado a dejar los rastrojos en los viñedos e inclusive traen rastrojos de sus vecinos para cubrir el suelo, y empiezan a notar que retienen más agua, la producción ha mejorado y riegan con menos frecuencia. Este sistema también lo están utilizando los productores de mandarinas, manzanas y duraznos; se puede decir que el sistema se ha difundido.

Referencias
Benites, J. R., y Bot, A. 2014. Agricultura de conservación: una práctica innovadora con beneficios económicos y medioambientales. Perú: Agrobanco.
Benites, J. R., Friedrich, T., Bot, A., y Shaxson, F. 1999. From Soil Degradation to Stable Productivity: The Importance of Better Land Husbandry. AGLS Working Paper 8. Land and Water Development Division. Roma: FAO.
Young, H. 2003. Sistema de siembra directa ¿Alternativa para la sostenibilidad de la agricultura peruana? Lima: INCAGRO (inédito).


José Ramiro Benites Jump
jbenitesjump@gmail.comFuncionario técnico jubilado, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Dirección de Fomento de Aguas y Tierras, Roma. Actualmente Consultor Internacional en temas de manejo de Tierras y Aguas y de Agricultura de Conservación.

Fuente Original: LEISA - revista de agroecología

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