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SUELOS VIVOS Y MATERIA ORGÁNICA. SEGURIDAD ALIMENTARIA Y MITIGACIÓN DEL CAMBIO CLIMÁTICO

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José Ramiro Benites Jump
 
Un suelo vivo brinda muchos servicios a los ecosistemas: secuestro de carbono, disponibilidad de nutrientes, regulación del ciclo del agua y producción de alimentos. Se estima que alrededor del 25% de los suelos agrícolas en el mundo están degradados. Al mismo tiempo, no estamos manejando correctamente los suelos disponibles en uso y, obviamente, esto constituye un problema en un mundo cambiante. Si fuéramos capaces de restaurar la fertilidad y la productividad de los suelos sin ampliar la frontera agrícola podríamos producir 25% más alimentos y disponer de un sumidero importante de carbono que ayudaría a mitigar el cambio climático.

Soya con cobertura de avena negra (Avena strigosa). Autor
Soya con cobertura de avena negra (Avena strigosa). Autor

Para restaurar los suelos se necesita aumentar el contenido de materia orgánica. La composición y velocidad de descomposición de la materia orgánica afectan las condiciones físicas y biológicas del suelo: estructura y porosidad, tasa de infiltración del agua, diversidad y actividad biológica de los organismos, y disponibilidad de nutrientes para las plantas. Además de proporcionar nutrientes y hábitat para los organismos que viven en el suelo, la materia orgánica también une partículas en agregados y mejora su capacidad de retención de humedad.

Los agricultores pueden tomar muchas medidas para mantener, mejorar y reconstruir sus suelos, especialmente los que han sido cultivados por mucho tiempo. Una clave para la restauración del suelo es maximizar la retención y el reciclaje de los nutrientes a través de la descomposición de los rastrojos y otros residuos de las cosechas. Sin embargo, la reconstrucción de la calidad y la salud del suelo pueden llevar varios años, especialmente en zonas áridas donde la escasa humedad reduce la producción de biomasa y la actividad biológica, como sucede en la costa árida del Perú (Young, 2003).

En suelos saludables, las lombrices generan una red de macroporos verticales denominados “bioporos”, los cuales son muy efectivos para el ingreso y movimiento del agua y el aire y para el crecimiento de las raíces. Se estima que un 60% del agua de lluvia se infiltra por los bioporos. Si se usa labranza intensiva, la estructura del suelo se destruye y se pierde la porosidad en donde reside la vida de los suelos. Estos suelos necesitan mucha agua y fertilizantes para producir y, al estar descubiertos por la remoción o incorporación de rastrojos, quedan expuestos a la luz solar y al impacto de la lluvia que provocan la erosión y aceleran la oxidación de la materia orgánica convirtiéndose en CO2 que se libera a la atmósfera, lo cual contribuye al calentamiento global.

Contribución de la Agricultura de Conservación a la formación de suelos vivos y saludables

La Agricultura de Conservación (AC) puede ayudar produciendo dos efectos sobre la materia orgánica del suelo: reducción de su pérdida y aumento de su contenido. La AC consiste en la integración de tres condiciones: i. mantener el suelo protegido, como en la naturaleza, donde siempre está cubierto; ii. no mover el suelo para mantener su estructura y porosidad, y sembrar abriendo un pequeño surco para poner allí la semilla, y iii. aumentar la diversidad de plantas mediante la rotación de cultivos. En resumen, la AC implica la siembra de cultivos con alteración mínima del suelo desde la cosecha del cultivo anterior. Los agricultores tienen que conservar los rastrojos en el campo sin incorporarlos y distribuirlos uniformemente por toda la superficie (Benites y otros, 1999).

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Suelo bajo cobertura continua. Autor
La cobertura es cualquier material orgánico –hojas en descomposición, cortezas o compost– que, esparcido en el suelo, lo enriquece y protege del impacto directo de las gotas de lluvia erosivas. Al reducir la evaporación y suprimir el crecimiento de malezas, la cobertura contribuye a la conservación del suelo; también mejora el reciclaje de nutrientes y la acumulación de materia orgánica y, consecuentemente, la captura de carbono.

La rotación de cultivos significa que diferentes cultivos se alternan en el mismo campo, preferentemente cereales seguidos de leguminosas. La rotación permite un mejor uso del agua ya que los cultivos con diferentes sistemas de raíces utilizan el agua a diferentes profundidades del suelo, y también reduce el ataque de plagas y enfermedades. Las rotaciones ayudan a utilizar los nutrientes del suelo de manera más eficiente. Además, en una rotación, las leguminosas fijan el nitrógeno en el suelo para el beneficio del cultivo de cereales sucesivo.

La adopción de la AC tiene dos efectos principales sobre las actividades y los ingresos de la finca. Por un lado el técnico, que implica la disminución o eliminación de la erosión, el incremento de la fertilidad del suelo, la reducción de la resiembra y de la mano de obra, el uso controlado y menor de productos químicos y fertilizantes, y por otro, los agricultores encuentran un efecto económico directo en el aumento de la ganancia por la reducción de mano de obra, menor uso de agroquímicos y mayor rendimiento. Además, al reducirse el tiempo requerido para las actividades de campo, se usan menos combustibles y lubricantes y el uso de los tractores, maquinarias y otros equipos es menor, lo que resulta en costos más bajos de mantenimiento y reparación, y en un incremento de la vida útil del equipo.

Importancia del papel de la AC en la adaptación al cambio climático y en su mitigación

El cambio climático abrupto causado por la interrupción en los ciclos globales del carbono y el nitrógeno, causa del aumento de la concentración atmosférica de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido de nitrógeno (N2O) –llamados gases con efecto de invernadero–, es responsable del calentamiento global. La adopción de la AC, con los consiguientes ahorros de combustible, insumos químicos y reducción de la erosión del suelo, tiene un potencial estimado de captura de carbono de 0,6 a 1,2 Pg/año (Petagramo [Pg] = 1015 g), por lo que los agricultores que la practican podrían ser compensados por mitigar el cambio climático. Además, la AC también mejora y mantiene la producción de los cultivos y asegura la seguridad alimentaria de la población, mientras que mejora la calidad del medio ambiente.
 
Reflexiones finales

Por lo general los agricultores y los técnicos son reacios al cambio que significa pasar de una agricultura convencional a una AC porque esto significa romper una serie de convencionalismos, como el considerar a los rastrojos como basura; con frecuencia se les escucha decir: “cómo voy a sembrar encima de la basura, está llena de plagas y enfermedades”. Ellos siempre quieren arar, dejar el terreno limpio que es la herencia de los conceptos de la agricultura de los climas templados traídos por la Colonia. Hay una gran cantidad de conocimientos, pero tenemos que poner más ciencia, más tecnología y más conocimiento en este tipo de sistemas agroecológicos. Los agricultores que están produciendo con la tecnología de AC contribuyen al secuestro de carbono, a preservar la biodiversidad y a la regulación del ciclo del agua. En síntesis, están contribuyendo a la vida en el planeta y deben ser recompensados. Es importante recordar que el reto es mantener el 5% del suelo que es materia orgánica, por supuesto, no es algo que se pueda empacar, transportar y entregar y no hay receta única para incrementarla en el suelo. No podemos decirles a los agricultores que deben hacer esto, eso o aquello; tenemos que encontrar soluciones adaptadas localmente, así que la mejor manera de hacerlo es incluir de manera efectiva a los agricultores en el desarrollo de la tecnología. Lo que necesitamos es el diálogo entre el conocimiento científico y el conocimiento de los agricultores. No vamos a resolver el problema si pensamos que tenemos la solución y queremos imponerla.

 
Los agricultores andinos
Los agricultores campesinos de los Andes que viven entre 3 000 y 4 000 msnm trabajan en condiciones muy duras y, por lo general, en pendientes muy pronunciadas. A lo largo de siglos han desarrollado técnicas para conservar el agua y el suelo con formas de cultivar la tierra adecuadas a las características del paisaje de alta montaña, como son la construcción de terrazas escalanodas, también llamadas andenes. Desde la época precolombina los agricultores andinos han practicado la AC utilizando la kasuna, el allachu, la chakitaclla, el kituchi y otras herramientas para una siembra directa sin remoción del suelo y con el mantenimiento de una cobertura vegetal protectora. Las prácticas de manejo de suelos consistían en enriquecer el suelo cubriéndolo con paja y abono orgánico, en régimen de rotación de cultivos y de policultivos. De esta manera mantenían un suelo vivo con gran cantidad de materia orgánica, capaz de retener el agua y los nutrientes.
 
Los agricultores del sur de Brasil
Por los años 80 un grupo de agricultores de Ponta Grossa, Paraná, fundó el “Clube da amigos de la Minhoca” (Club de amigos de la lombriz de tierra) para promover el “Plantio direto”, un conjunto de prácticas biológicas de manejo que permiten desarrollar suelos sueltos, con buena formación de agregados que faciliten la circulación del aire, el agua, los nutrientes y la penetración de las raíces. Las plantas que crecen en este tipo de suelo con altos contenidos de materia orgánica gastan menos energía en el enraizamiento. Esto requiere enfocar el manejo de los recursos biológicos del suelo junto con las funciones hidrológicas y el reciclaje de nutrientes, complementados, cuando sea necesario, con obras físicas adecuadas en las laderas de pendiente pronunciada.
 
En la cordillera de la costa central de Chile
En el Fundo Chequén, propiedad de Carlos Crovetto, después de 20 años de siembra sin arar, se han observado significativos cambios en la estructura y fertilidad de los antiguos suelos erosionados, debido al aumento del contenido de materia orgánica en los suelos alfisoles. Esto se debe al incremento paralelo en los rendimientos de diferentes cultivos en rotación como trigo, triticale (híbrido de trigo y centeno), maíz y lupino, lo que a su vez aumenta el contenido de rastrojos sobre el suelo. En la rotación maíz-trigo (riego y secano) se deja anualmente sobre el suelo un promedio de 12 t/ha de rastrojo, debidamente manejado. El aumento de la materia orgánica (0,3% anual) en el suelo, al inicio sobre la superficie y luego en horizontes subyacentes, ha generado su adecuada nutrición favoreciendo a la microbiología y la mesofauna endémicas. Esta mayor actividad biológica ha aumentado el carbono orgánico y, con ello, su contenido húmico.
 
Selva nororiental peruana
Alberto Ikeda compró una finca e hizo lo que todo el mundo hace: tumba y quema. El primer año hubo una buena cosecha; hizo una segunda siembra y obtuvo la mitad de la producción de la primera; en la tercera ya no sacó nada, las tierras se habían degradado. Actualmente tiene alrededor de 200 hectáreas de tierras sembradas con agricultura de conservación, tratando de copiar los procesos naturales que pasan en un bosque donde el hombre no ha intervenido, o sea que caen las hojas, ramas, animales y todo va formando parte de este medio natural, una manera natural de compost. Al inicio preparó el terreno de manera convencional usando el arado, pero después nunca más movió el suelo. Aplicando los principios de la AC sobre suelos que ya estaban degradados, donde había menos de 1% de materia orgánica, esta aumentó a 3% y 4%. A medida que los suelos se fueron recuperando, ya hubo materia orgánica ayudando a retener el agua y, lentamente, el mismo rastrojo se ha ido convirtiendo en nutrientes para las plantas. También se observa que hay menos enfermedades y plagas en los cultivos.
 
En la costa árida del Perú
En Cañete se han efectuado días de campo para divulgar la tecnología de AC para que los agricultores siembren maíz en rotación con otros cultivos. También se está promoviendo cobertura en diversos frutales que por tradición se mantienen completamente descubiertos y donde, si cae una hoja, hay que recogerla de inmediato por temor a las plagas. Los productores de frutas han empezado a dejar los rastrojos en los viñedos e inclusive traen rastrojos de sus vecinos para cubrir el suelo, y empiezan a notar que retienen más agua, la producción ha mejorado y riegan con menos frecuencia. Este sistema también lo están utilizando los productores de mandarinas, manzanas y duraznos; se puede decir que el sistema se ha difundido.

Referencias
Benites, J. R., y Bot, A. 2014. Agricultura de conservación: una práctica innovadora con beneficios económicos y medioambientales. Perú: Agrobanco.
Benites, J. R., Friedrich, T., Bot, A., y Shaxson, F. 1999. From Soil Degradation to Stable Productivity: The Importance of Better Land Husbandry. AGLS Working Paper 8. Land and Water Development Division. Roma: FAO.
Young, H. 2003. Sistema de siembra directa ¿Alternativa para la sostenibilidad de la agricultura peruana? Lima: INCAGRO (inédito).


José Ramiro Benites Jump
jbenitesjump@gmail.comFuncionario técnico jubilado, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Dirección de Fomento de Aguas y Tierras, Roma. Actualmente Consultor Internacional en temas de manejo de Tierras y Aguas y de Agricultura de Conservación.

Fuente Original: LEISA - revista de agroecología

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