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Facts and figures


The Facts and Figures in this section are drawn from the upcoming edition of the World Water Development Report on Water and Energy that will be published in March 2014 and launched on the occasion of World Water Day celebrations in Tokyo, Japan.







Hydroelectricity


Hydroelectricity is the largest renewable source for power generation and its share in total electricity generation is expected to remain around 16% through 2035.




Hydropower and water use


Most of the water used for hydropower generation is returned to the river though some evaporates and there are important impacts on timing and quality of streamflows.




Industrial water use


Roughly 75% of all industrial water withdrawals are used for energy production.




Financing water


For developing countries alone $103 billion per year are required to finance water, sanitation and wastewater treatment through 2015.




Energy for water


Energy is required for two components of water provision: pumping and treatment (before and after use).




Waterborne transportation


Waterborne transit is one of the most energy efficient. Inland towing barges are more than 3 times more energy efficient than road trucks and 40% more efficient than rail.




Biogas produced from sewage


In Stockholm, public buses, waste collection trucks and taxis run on biogas produced from sewage treatment plants.




Access to water and sanitation


In 2011, 768 million people did not use an improved source of drinking-water and 2.5 billion people did not use improved sanitation.




Access to electricity


More than 1.3 billion people still lack access to electricity, and roughly 2.6 billion use solid fuels (mainly biomass) for cooking.




Wind power

Wind power is the most sustainable source of renewable energy, mainly because of its low greenhouse gas emissions and water consumption.






Pollution by fossil fuels

Approximately 15–18 billion m3 of freshwater resources are contaminated by fossil fuel production every year.




Biodiesel and water


China's target to produce 12 million metric tonnes of biodiesel by 2020 requires an amount of water approximately equivalent to the annual discharge of the Yellow River.




Biofuels and food prices

The demand for biofuels feedstock is the largest source of new demand for agricultural production in decades, and it was a major factor behind the 2007−08 spike in food prices.



Geothermal electricity potential

The installed worldwide geothermal electricity capacity could be increased from the current 10 GW to 70 GW with present technology, and to 140 GW with enhanced technology.







MESA REDONDA :Construyendo el futuro del agua de riego en el Perú


Publicado en la edición Nº 159 de LRA
Artículo escrito por La Revista Agraria para la edición Nº 159

La reciente promulgación de la Ley 30157, Ley de Organizaciones de Usuarios de Agua, ha provocado diversas reacciones, a favor y en contra, dentro de las mismas juntas de usuarios. Dirigentes de la Junta Nacional de Usuarios han expresado que la ley permitirá una mayor transparencia y legitimidad de las organizaciones de regantes. Sin embargo, varias juntas regionales han criticado que haya sido aprobada en el pleno del Congreso, sin ser debatida en la Comisión Agraria o consultada con las juntas y comités. También critican que no respete las funciones legales e históricas de las organizaciones de regantes.

En medio de esta coyuntura, el objetivo crucial continúa siendo el mismo: garantizar el adecuado y democrático manejo del agua de riego en el Perú, no solo por razones ambientales y porque la actividad agropecuaria es estratégica en el desarrollo social del país, sino también porque una buena gestión del agua permitirá prevenir y resolver los conflictos por el acceso a este recurso natural y por su uso, conflictos que en los últimos años se han agudizado. LRA realizó una mesa redonda en la que participaron cuatro reconocidos especialistas en recursos hídricos y ambientales: Jan Hendriks, consultor independiente holandés, con más de veinte años trabajando el tema en el Perú; Víctor Guevara Floríndez, abogado, secretario técnico de AquaFondo(1), experto en gobernanza socioambiental; Guido Bocchio Carbajal, abogado, que trabaja en el sector privado minero y es profesor universitario en la Maestría de Recursos Hídricos en la Universidad Nacional Agraria La Molina; y Laureano del Castillo Pinto, abogado, director ejecutivo del Centro Peruano de Estudios Sociales (Cepes).

LRA: ¿Cómo debe administrarse el agua de riego en el Perú? ¿Qué opinan de la reciente ley que regula el funcionamiento de las juntas de usuarios? ¿Tienen la institucionalidad suficiente para realizar un manejo armónico del agua de riego?


Guido Bocchio: El tema de los usuarios es importante en el Perú, pues son quienes tienen el derecho de aprovechar un recurso natural que es patrimonio de la nación. Sin embargo, en la medida en que son los usuarios informales los que, en su mayoría, hacen uso del agua, es por ahí por donde se escapa gran parte de nuestros recursos hídricos. Esa falta de control no permite un buen manejo integrado de estos. El 80% de los usuarios agrarios no cuentan con una regulación y, asimismo, la minería informal también usa el agua sin ningún control, a vista y paciencia de las autoridades. Ese régimen de informalidad de los usuarios es una de las causas del fracaso del sistema; mientras persista, no podemos pretender que nuestras regulaciones sean aplicables y exitosas. Hay que buscar un mecanismo para pasar a la formalidad. La normativa que se ha planteado no es apropiada, pues está pensada en los usuarios formales y deja aparte a todos los informales. Además, no ofrece un mecanismo para lograr la formalidad.

Víctor Guevara: Dos tareas son importantes para la conservación y la gestión del agua: proporcionar incentivos para que los usuarios se adecuen a los estándares aprobados, y supervisar, fiscalizar y sancionar los incumplimientos. Son tareas para la ANA y el OEFA(2), pero aún no se ha alcanzado una adecuada articulación entre sus distintas funciones y competencias, lo que impide un trabajo más coordinado. Todavía está pendiente un mayor desarrollo de incentivos que permitan superar el incumplimiento de los estándares establecidos. Por ejemplo, hay propuestas para formalizar a los mineros informales, dándoles un valor o un plus. En este plus que se les paga hay un incentivo para que puedan formalizarse y cumplir estándares sociales y ambientales adecuados.

Jan Hendriks: De 2009 data la actual Ley de Recursos Hídricos, que contiene conceptos bastante novedosos, aunque algunos, en la práctica, son bastante difíciles de implementar. Desde la ANA se buscan normas para concretarlos; sin embargo, se topan con realidades que no se adecuan a estos nuevos conceptos, o quizá estos no se adecuan a dichas realidades. Entonces se suceden normas que intentar conseguir que la ley y la realidad se acerquen. Los recientes cambios y modificaciones de normas son muy sintomáticos, pues reflejan que el Estado está buscando dar forma a la Ley de Recursos Hídricos, cuya intención es buena, pero en la práctica presenta problemas de aplicación. Por ejemplo, se pretende aplicar un concepto de operador de infraestructura hidráulica en la realidad de la sierra, cuando la operación y mantenimiento de los sistemas son organizados por los comités de regantes, que no tienen mayor vínculo con las juntas de usuarios. Por eso, es un poco hipotético decir que las juntas de usuarios de la sierra tienen que operar, mantener y desarrollar la infraestructura hidráulica, pues en los hechos son los comités quienes se encargan de esa actividad. Entonces, no se sabe cuál es la relación orgánica entre las comisiones de regantes y las juntas de usuarios, y ahí hay un serio problema. Si las organizaciones tienen una estructura formal tan débil, ¿cómo podrán cumplir todas las exigencias? ¿Cuántas de las 120 juntas de usuarios están en condiciones de poder cumplir esta norma y las múltiples que existen? Hasta mediados del año pasado no había ni una sola organización ni proyecto especial que hubiera obtenido el título habilitante de operador de infraestructura hidráulica. ¿Cómo lograr una mayor formalidad cuando los requisitos son casi imposibles de cumplir para la mayor parte de las organizaciones de usuarios?

Laureano del Castillo: ¿Puede haber una única ley para una realidad tan variopinta de costa, sierra, selva, norte, centro, sur, zona árida, zona muy húmeda, etcétera? Actualmente, esto se discute mucho en el país. Esta reciente ley es un esfuerzo para ordenar esta realidad. Pero se debe tomar en cuenta que existe una historia, ya escrita, donde por cerca de cuarenta años hubo una ley con un marcado sesgo agrario, y ahora se quiere enderezar eso. Creo que una parte de la tensión que se ha vivido en estas semanas por la aprobación de la ley tiene que ver con ello. Sobre la operación de infraestructura, hay muchos pendientes debido a que no hay inversión suficiente, ni del Estado —cuando ha operado la infraestructura mayor—, ni de los propios usuarios, básicamente agrarios, en la región andina, que no cuentan ni han contado con apoyo del Estado. Se necesita una mayor discusión para perfeccionar estas normas y no andar de tumbo en tumbo, dando normas para parchar los problemas, pero que no atacan el problema de fondo.

LRA: Existen diversos conflictos en el Perú, generados por el manejo y abastecimiento del agua. ¿Cómo afrontarlos y evitar que se sigan agravando?

L. del Castillo: El punto crucial continúa siendo el de las mayores necesidades por el uso del agua. Recordemos que el agua no está aumentando. Somos cada vez más peruanos; cada vez irrigamos más tierras; cada vez hay más industrias, más empresas mineras; las ciudades crecen y necesitan más agua. Todos la necesitamos, pero el agua no aumenta. Muchas veces el problema se debe a la contaminación generada por las actividades productivas. La ley tiene una propuesta tímida y limitada, que es la creación de un tribunal de resolución de controversias, que simplemente cumple un papel administrativo. Ahí falta un rol, no solo de la ANA, sino también del Estado y de la sociedad, para entender la importancia del agua. Necesitamos una educación sobre cómo mejorar el uso del agua, cómo no desperdiciarla, cómo no contaminarla, y tener claro adónde llegan los derechos de unos y de otros. Sobre los conflictos regionales que vive el país, se requiere un esfuerzo grande para terminar de definir las atribuciones, las funciones y la participación de los gobiernos regionales. A la ANA le correspondería impulsar una mayor reflexión acerca de las funciones de cada uno, en términos de derechos y en términos de obligaciones. Se requiere una actitud mucho más proactiva.

J. Hendriks: Hay que distinguir los tipos de conflictos: algunos son predecibles, casi históricamente, porque acumulan frustraciones de determinados sectores y de la gente de una zona; y hay conflictos que surgen momentáneamente, ante el asentamiento de una nueva demanda de agua o una nueva actividad: por ejemplo, la minería. Cuando la intensidad de la explotación minera se da muy rápido, se generan reacciones en la gente debido a los cambios en el paisaje o a la desaparición de la lagunas. En segundo lugar, hay conflictos en que el agua es usada como un elemento para reclamar algo mayor. Esto refleja profundas desigualdades en la sociedad o un crecimiento exacerbado de un sector de la sociedad. Por ejemplo, en la laguna de Piuray, en Chinchero, hay gente que vive alrededor y dice: «Esta agua va al Cusco, que tiene un boom de turismo, pero yo, que vivo en la comunidad, alrededor de la laguna, no me beneficio en nada de ese boom». Entonces, ¿se trata de un conflicto por agua? No, es un conflicto más profundo, más amplio; es un conflicto por la creciente desigualdad que siente la gente en torno a la explotación de un recurso, y lo más cercano para poder controlar esto es hacerlo a través del agua. También hay conflictos interregionales —como entre Huancavelica e Ica—, donde existe la sensación de desigualdad económica y social entre la gente que vive arriba y la gente que vive abajo.

V. Guevara: Los conflictos con relación al agua constituyen un tema complejo. En muchos casos pueden expresar este desencuentro entre el mundo urbano y el rural, casi un divorcio entre estos dos ámbitos; en otros casos pueden ser demandas de mayor participación en la toma de decisiones, que expresan un reclamo de una inclusión en la gobernanza. Hay algunos avances en términos de participación y de una gobernanza más abierta —como el caso de los consejos de recursos hídricos de cuenca—, pero también hay serias deficiencias que venimos arrastrando desde años atrás. Una es el vacío de información que tenemos; por ejemplo, el inventario de recursos hídricos, la dinámica del ciclo hidrológico, o el mismo conocimiento de los tipos de los suelos, etc. Entonces, si uno se reúne para planificar o tomar decisiones, pero no conoce realmente cuál es el estado real de las cosas, la capacidad de tomar decisiones disminuye.

G. Bocchio: Definitivamente, hay conflictos por el agua, pero no son los principales; los verdaderos conflictos son por las condiciones de pobreza de un país. La falta de educación y la falta de salud son los verdaderos detonantes del conflicto por el agua. Los patrones fuertes que nos rigen están en la Constitución Política. El artículo 66 me parece sabio3: todos los peruanos somos dueños del agua, pero el Estado es soberano en decidir a quién dársela y cómo modificar el régimen del agua; a quien quitársela y revertirla a favor del Estado. Pero el Estado —representado por el Gobierno— no está ejerciendo bien sus roles principales de combatir la pobreza, de tratar el problema de la educación, de la salud y del hambre. Una vez que tengamos enfocados estos aspectos principales, los problemas del agua van a manejarse mejor, porque los conflictos no se resuelven: se manejan. Coincido en que un punto principal es cómo usar bien el agua, y el Estado no está dando los mensajes apropiados en esa línea. En cuanto a los conflictos por el agua, un aspecto fundamental son las percepciones. La ANA hace esfuerzos para levantar información, tener un diagnostico y saber qué pasa en cada sitio. Laureano reflexionaba acerca del hecho de que el agua no aumenta. Claro, el agua superficial no aumenta, pero ¿qué pasa con las fuentes alternativas de recursos hídricos? ¿Qué pasa con el agua que las municipalidades vierten en los ríos y que no es tratada apropiadamente? Ahí hay una gran oportunidad para manejar los conflictos. ¿Qué pasa con el agua, en nuestras zonas de lluvias, que no es suficientemente aprovechada? Entonces, se trata de un tema de educación y de enfocarse en fuentes alternativas.

LRA: ¿Cuáles son los problemas más álgidos que en la actualidad enfrenta el Perú en relación con el tema de la gestión del agua?

V. Guevara: Un aspecto importante es el esquema para involucrar a las ciudades —que suelen estar en la parte baja de las cuencas— en la conservación de la cuenca, que es la que presta los servicios ecosistémicos vinculados al agua. La Ley de Modernización de los Servicios de Saneamiento4 y su reglamento, aprobado a fines del año pasado, dan un paso adelante porque establecen que el ente regulador puede aprobar, en la tarifa, un monto por concepto de conservación de la cuenca. Esto es destacable, dado que la conservación está muy subvalorada dentro de la gestión del agua. Si bien hay un acento importante en el desarrollo de la infraestructura en el país, pienso que la llamada «infraestructura verde», la naturaleza, no está considerada con esta misma prioridad. Si queremos mantener nuestra calidad y cantidad de agua para la vida, necesitamos mirar con urgencia las acciones que hacen falta para mantener y recuperar esta infraestructura verde o los servicios ecosistémicos que nos da. Un ejemplo es el caso del Rímac, donde no se visibilizan los problemas que ocurren en las partes altas de esta cuenca. Esto ha generado la degradación de esta parte del ecosistema, que es la que permite regular y proveer el agua en las épocas secas. Afrontar esta problemática en las cuencas es fundamental.

G. Bocchio: Es indudable que, con el crecimiento poblacional, la atención del factor alimentario es clave y la agricultura juega un rol importantísimo. Necesitamos enfocarnos en conseguir una mayor eficiencia en el agro. Ahora se ha expedido la Ley de Organizaciones de Usuarios de Agua, pero, seamos sinceros, está pensada en las juntas de usuarios agrarias y no en una organización multisectorial. ¿Esa es la vía para hacer una gestión eficiente del agua en el sector que más la consume en el país? Consume el 80% del agua, pero con grados altos de ineficiencia. La Ley de Recursos Hídricos contempla que se crearán parámetros y certificados de eficiencia, y una variedad grande e interesante de mecanismos para estimular la eficiencia. Sin embargo, falta aterrizar esto en el sector agrario, que es el mayor consumidor del agua superficial del país.

J. Hendriks: Todos coincidimos en que la fragilidad institucional, pública y privada, es un problema fundamental que no ha sido atacado. Somos muy buenos en crear instituciones, pero, en términos de eficiencia, no hacemos que estas realmente funcionen. Otro tema, aún más esquivo, es cómo financiar la gestión de los recursos hídricos a nivel país, subnacional, local, etc. En la agenda de las instituciones no veo que se intente canalizar un análisis económico financiero de los recursos naturales, en este caso, agua. Simplemente, se establecen las tarifas que la gente quiere pagar. No se hace la pregunta de cuánto se necesita para el manejo de los espacios territoriales y de los recursos naturales en un espacio. Permanentemente se elude esta pregunta. La gente no siente que al pagar más, recibe un mejor servicio. Hay un círculo vicioso, donde los usuarios no están predispuestos a pagar, y no hay una claridad de políticas económicas financieras en torno al manejo y protección y desarrollo de recursos hídricos y la infraestructura que se necesita para ello. Ahí hay un tema vacío, no tocado; un tabú.

L. del Castillo: ¿Cuánto hemos avanzado en el reconocimiento de la importancia del agua? Todos dicen que el agua es importante y que es vital para la vida, para la economía, etc. Bueno, si es tan importante, ¿por qué todos se niegan a pagar lo que cuesta tener y gestionar el agua? Ya sea en el caño, en la parcela, en la industria o en lo que sea, hay que apuntar a la importancia del financiamiento para la gestión del agua. En ese sentido, si queremos que sea eficiente y sostenible, pensando en todos, pues hay que asumir los costos que esta gestión tiene. No puede ser que las tarifas se apliquen en función de lo que la gente quiere pagar. Lo segundo es que la Ley de Recursos Hídricos tiene un fuerte sesgo agrario; se ve, sobre todo, en los reglamentos. Junto con este sesgo agrario hay otro: el sesgo costeño. Es un sesgo que arrastramos de leyes anteriores. La mejor expresión de esto es que se crearon muchas juntas en la costa, en la sierra unas cuantas y en la selva nada. Ese sesgo se aprecia en esta Ley de Organizaciones de Usuarios de Agua, en la incoherencia de muchos de sus planteamientos en términos de aplicación en las regiones de la sierra. Por ejemplo, esta ley, con buen criterio, establece que la ANA autoriza, en última instancia, los trasvases. Pero ¿qué significa esta «última instancia» en un país con un marcado sesgo costeño? Pienso en el caso de Ica-Huancavelica, y en el problema de Espinar, con Majes Siguas. Invertimos enormes cantidades en hacer estas obras de infraestructura, con altos costos sociales. En términos generales, trasvasar aguas de la vertiente del Atlántico al Pacífico supone reducir la disponibilidad de agua en aquella, afectando, sobre todo, a la pequeña agricultura, provocando un impacto económico y ambiental.


Notas
1 El Fondo del Agua para Lima y Callao (Aquafondo) es un mecanismo de financiamiento privado que trabaja coordinadamente con ONG, organizaciones de usuarios, empresas y autoridades, para implementar acciones que contribuyan a la recuperación de las cuencas.

2 Autoridad Nacional del Agua (ANA) y Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA).

3 Artículo 66. Los recursos naturales, renovables y no renovables, son patrimonio de la Nación. El Estado es soberano en su aprovechamiento. Por ley orgánica se fijan las condiciones de su utilización y de su otorgamiento a particulares. La concesión otorga a su titular un derecho real, sujeto a dicha norma legal.

4 El Reglamento de la Ley de Modernización de los Servicios de Saneamiento, Ley 30045, fue aprobado por el Decreto Supremo 015-2013-VIVIENDA y publicado en el diario oficial El Peruano el 29 de noviembre de 2013.

Axel C. Dourojeanni
axeldouro@hotmail.com
Cuenca, Ecuador.

1. CONDICIONES QUE FACILITAN LA OPERACIÓN DE UN ORGANISMO DE CUENCA

Autoridad y capacidad de la Dirección Ejecutiva del organismo de cuencas. La secretaría técnica debe ser un equipo reconocido para dirigir los procesos de gestión de agua de la cuenca, con poderes legales suficientes para actuar acorde con sus responsabilidades. Su rol principal es asistir a los consejos de cuenca, mantener actualizada la información, proponer opciones de prevención o solución de conflictos, mantener un excelencia profesional y en general ser un equipo de trabajo altamente competente.

Capacidad de autofinanciamiento de la Dirección Ejecutiva. Es obviamente vital que las entidades de cuenca dispongan de fondos para realizar sus trabajos cualquiera sea su origen, pero cuantos más fondos se generan por los propios usuarios, más compromiso adquieren con el cumplimiento de los objetivos de las actividades que están financiando.

Estándares a ser respetados para mantener el enfoque la gestión integral de cuencas en forma consistente con las políticas públicas. Son los límites que fijan las reglas y marcos en que debe mantenerse por ejemplo para la gestión del agua, los suelos, la fauna en las cuencas y las propias características, incluyendo su efecto en el mar. Las leyes deben ser capaces de reconocer dichos límites (con un balance entre los límites que imponen las ciencias sociales y los límites que impone la naturaleza estudiados por las ciencias exactas).

Capacidad de integración entre los planes formulados y los procesos de gestión necesarios para ejecutarlos. Para que un plan de gestión de cuencas sea funcional, requiere una combinación adecuada de aproximaciones en su elaboración y aplicación que provengan tanto de “abajo hacia arriba” como de “arriba hacia abajo” de los variados actores que intervienen en la cuenca..

Apoyo o asesoramiento de técnicos y organismos especializados. El organismo de cuenca debe contar con el apoyo de un panel de expertos independientes para abordar aspectos técnicos, institucionales y de procedimientos para la resolución de conflictos. Este panel, idealmente, de preferencia debe integrarse expertos regionales, de universidades o consultoras, pero también debe poder obtener apoyo, cuando sea necesario, de especialistas de otros países.

Estructura base de participación de los usuarios, empresas y en general de la sociedad local. La organización para la gestión de la cuenca debe incentivar y asegurar la participación de los actores relevantes en una forma abierta, equitativa y con soporte de recursos. Las participaciones deben darse dentro de reglas que contribuyan a que las reuniones y foros se conduzcan en forma ordenada, informada y respetuosa.

Capacidad de formular y ejecutar planes integrales de gestión en forma participativa. El elemento conductor clave para la coordinación de las acciones es lo que comúnmente se denominan programas de acción, planes directores, planes maestros o planes estratégicos de carácter principalmente indicativo, para orientar las acciones a ser ejecutadas en la cuenca..

Compromisos adquiridos formalmente por y con las autoridades locales y las empresas locales. Los compromisos de los Estados, de los municipios y de las empresas en los procesos de gestión de las cuencas que se encuentran total o parcialmente dentro de su jurisdicción, son reveladores del nivel de aceptación de los organismos y del consejo de la cuenca.

Medios para un mejoramiento continuo de los sistemas de gestión y participación de los actores involucrados. El sistema de gestión debe basarse en la aceptación de un control de excelencia y ética permanente en su accionar. Este principio se sustenta en que cada paso de un proceso de gestión sea permanentemente monitoreado para determinar si está dando los resultados esperados y como mejorarlos.

Las secretarías Técnicas de los organismos de cuenca como centros de estudios económicos y coordinadoras de inversiones en la cuenca. Las cuencas son territorios que proveen una variedad de servicios ambientales, sociales y económicos. Estos servicios deben ser debidamente evaluados económicamente y socialmente con el fin de determinar los costos y beneficios de los mismos y asignarlos adecuadamente a los actores que intervienen en la cuenca.

Capacidad de hacer valer los derechos y obligaciones con relación al uso del territorio y sus recursos y hacer cumplir las normas en casos de conflictos. La aceptación de recibir auditorias y la vigilancia de la aplicación de las normas aprobadas por el consejo de una cuenca y el Estado debe ser una atribución de una organización encargada de gestión de cuencas, como lo es la secretaría técnica.

La aceptación de recibir auditorias externas e independientes y de informar públicamente los resultados de las mismas. Los resultados logrados en los diferentes periodos de gestión y manifestados por las entidades de cuencas deben ser verificados por sistemas externos de evaluación y auditoria. Ello debe incluir el balance económico de la gestión.

La aceptación de funciones, términos y compromisos compartidos por los actores involucrados. En una ley y en la asignación de roles, la definición de los términos y conceptos que se emplea es clave para evitar confusiones en los roles que se les asigna a las diferentes instituciones y personas, públicas o privadas, encargadas de aplicarla o de acatarla.

Habilidad de negociación con otras entidades de cuenca con las cuales pueden haber intercambios. Para realizar esta acción se requiere tener la legalidad para negociar, la capacidad de plantear opciones para llegar a acuerdos, la posibilidad de consultar a las bases dentro de un marco adecuado, la posibilidad de conocer las ventajas y desventajas de cada negociación y, sobre todo, los costos económicos, sociales y ambientales de las decisiones así como saber aceptar los intereses REGIONALes. Esta habilidad adquiere especial importancia cuando se requiere negociar con otros consejos de cuenca dentro del mismo país o en la situación de cuencas transfronterizas.


LA GESTIÓN Y LA PARTICIPACIÓN EN UN ORGANISMO DE CUENCA


Gestión ante los desacuerdos. Un aspecto importante en la creación de entidades de coordinación y concertación a nivel de cuencas es definir claramente qué se hará si la coordinación y concertación -que implican un acuerdo entre las partes- fracasan (Solanes, 2001b). Conviene determinar de manera muy clara y precisa quién mantiene en estos casos el poder residual de tomar las decisiones necesarias, para evitar que un actor o grupo de actores paralicen el trabajo de la entidad.

Gestión de cuencas específicas. Otra tendencia que se observa en varios países de la región es la creación de sistemas de coordinación y concertación orientados al manejo y protección de cuencas específicas, principalmente aquellas utilizadas con fines de captación de agua para abastecimiento de agua potable, control de la contaminación y, en algunos casos, al control de inundaciones.

Participación del gobierno local. Las entidades de coordinación a nivel de cuenca normalmente cuentan con participación de la empresa de agua potable y saneamiento y de los municipios servidos, pues la práctica ha demostrado que para que los programas de manejo de cuencas tengan éxito, su implementación debe estar coordinada con y apoyada por los gobiernos locales, así como por la comunidad de la cuenca.

Por otra parte, la descentralización parcial a nivel local de las responsabilidades relacionadas con fiscalización y detección de irregularidades es particularmente necesaria cuando las autoridades a nivel central no son capaces de desempeñar esas funciones eficientemente en todo el territorio REGIONAL (por ejemplo, debido a la escasez de presupuesto y personal, o una estructura administrativa excesivamente centralizada).

En:  DECLARACIÓN DE COMPROMISO DE LOS MIEMBROS DEL CONSEJO DE GESTIÓN DEL AGUA DE LA CUENCA DEL RÍO PAUTE : UNA PROPUESTA AL CONSEJO




En diferentes regiones del mundo ya se evidencian los efectos e impactos del cambio climático. De hecho en ecosistemas de altas montañas, como la Cordillera de los Andes, el retroceso de los glaciares y la variabilidad climática extrema (lluvias torrenciales, sequías, granizadas, heladas, etc.) están afectando los medios de vida y desarrollo de las comunidades rurales más pobres y vulnerables que viven de la actividad agropecuaria.




Mientras persista el negacionismo climático y la inercia de los responsables de esta crisis, el futuro es incierto y de alto riesgo sobre todo para estas poblaciones. De allí la importancia de realizar investigaciones en conocimientos tradicionales y medidas adaptativas, como las que desde hace siglos desarrollaron las culturas agrocéntricas andinas frente a factores ambientales adversos. Sociedad-naturaleza: racionalidad y problemática ambiental La Cordillera de los Andes es una de las regiones geográficas más extensas y representativas del Perú y América del Sur. Su configuración biogeográfica es sumamente compleja y heterogénea, así como la geomorfología, los climas y ecosistemas de las cuencas hidrográficas de su vertiente occidental y oriental. Es también asiento importante de múltiples culturas originarias, que bajo condiciones climáticas y topográficas adversas, desarrollaron valiosos conocimientos y tecnologías adaptativas en el manejo de diversos ecosistemas para la producción alimentaria y la satisfacción de sus necesidades básicas.

En las zonas alto andinas, el proceso adaptativo de diferentes grupos humanos es resultado de sus múltiples interacciones como sociedad-naturaleza. Así, su estudio implica considerar dos dimensiones claves: i) La ambiental, para caracterizar los procesos sociales de ocupación-adaptación y las relaciones de predominio y control político-administrativo sobre el territorio y sus repercusiones en el entorno; y ii) La cultural, porque al analizar las implicancias ambientales derivadas de las relaciones de interacción sociedad-naturaleza sobre el territorio ocupado, existen determinados contextos culturales en los que se manifiestan impactos específicos(1). Las formas de vida o manifestaciones positivas ensayadas por disímiles culturas y sociedades en determinados territorios y ecosistemas, se explican según el concepto de racionalidad ambiental, porque alude un cuerpo de valores o principios orientados hacia la búsqueda de una finalidad ambiental positiva. En esa medida, también los desajustes o desfases en el proceso adaptativo, son resultado de múltiples factores condicionantes propios del sistema de interacción sociedad-naturaleza. Lo que -como antítesis- nos conduce por el umbral de la irracionalidad, configurando el concepto de problemática ambiental: o sea, cuando los factores condicionantes del sistema de interacción sociedad-naturaleza configuran un conjunto de elementos de desequilibrio, conocidos como defectos de racionalidad (irracionalidad).

El concepto anterior, sin embargo, no se contrapone con los alcances de la cosmovisión holística andina. Al contrario, las implicancias ambientales derivadas de la relación sociedad-naturaleza deben comprenderse en el contexto de determinadas culturas, territorios y entornos ambientales. Por lo que el marco cultural implicará entender una forma específica de racionalidad o un tipo de comportamiento que la sociedad manifestará sobre el espacio-territorio ocupado, asumiendo de forma razonable que este le proporcione sus medios de vida.

Relaciones múltiples de las sociedades humanas con el ambiente

Al respecto resaltamos la contribución de Julián Steward (1955)(2), quien integró el análisis de los componentes población-ambiente. Siendo su aporte más importante y original la teoría del evolucionismo multilineal, según la cual las sociedades humanas contemplan trayectorias múltiples y variables en sus procesos de cambio y adaptación. Steward estudia la discontinuidad del proceso evolutivo, en tanto: “a veces conduce a un mayor control energético y una mayor complejidad social y otras veces a formas sociales y económicas más simples”(3).

Por su parte, Salhins y Service(4) logran un avance interesante en el estudio del proceso evolutivo de las comunidades, proponiendo integrar dos fases principales: i)“…la evolución crea diversidad debido al mecanismo de adaptación, que forja constantemente formas nuevas en función de cambios microambientales. Y ii) “…los organismos inevitablemente evolucionan desde las formas simples hasta las más complejas, desde los organismos con menor control energético hasta los de mayor control”(5). En efecto, la evolución de las poblaciones sigue -en general- un proceso ascendente en el tiempo pero con distintos rumbos y discontinuidades. En base a esta idea visionamos la evolución multilineal desde una perspectiva dialéctica, representándola como una figura de forma y función helicoidal: sinuosa y contradictoria pero progresiva. Las poblaciones originarias siguen diferentes rumbos evolutivos condicionados por diversos factores (objetivos y subjetivos, endógenos y exógenos) relativos a los territorios ocupados y a sus entornos ambientales, en cuyos procesos particulares y a través del tiempo, sus estrategias adaptativas tienden a diversificarse y complejizarse, excepto en los casos extremos que por otros factores, sus estrategias se hayan ido simplificando (hasta incluso colapsar).

Actualmente, siguiendo las investigaciones sobre la teoría de sistemas y desde el uso primigenio del concepto ecosistema, es ampliamente aceptado que el estudio de la relación sociedad-naturaleza no puede abordarse como dos componentes separados, sino más bien interrelacionados, porque constituyen las partes compositivas de un todo sistémico(6). Así pues, ambos componentes se interrelacionan en un todo representando un complejo de relaciones de causalidad mutua. Por lo que pueden medirse con algunos indicadores de base, como -por ejemplo- la calidad de vida para referirse al perfil de una sociedad, y la calidad ambiental para referirse al statu quo de la naturaleza.




La explicación anterior se basa en el teorema de la indecibilidad de Godel(7), que establece que cada modelo se explica dentro de un modelo más amplio y más general, proponiendo que los problemas ambientales de la sociedad actual deben analizarse dentro de un sistema de referencia en cuyo centro se localiza la sociedad; y que ésta -a su vez- se enmarca en un contexto mucho más amplio de problemas y metaproblemas. Así, hoy en día es inconsistente hacer una descripción y análisis completo del ecosistema sin más referencia que el propio ecosistema, porque este resulta -per se- insuficiente para explicar los distintos niveles y formas de relación de una sociedad y su problemática de acceso a recursos naturales, su crecimiento económico y calidad de vida, y sus repercusiones ambientales. En consecuencia, problemas ambientales como el calentamiento y cambio climático, deben estudiarse como fenómenos complejos a escala global-local, en tanto sistemas abiertos, basados en las múltiples interacciones como sociedad-naturaleza, y según las complejas relaciones de causalidad mutua subyacentes: flujos de intercambios de energía de sistemas y subsistemas que configuran y caracterizan cambios tecno-productivos, socioeconómicos, políticos y de organización, así como de sostenibilidad en las distintas sociedades y culturas en espacios determinados.

Armonías y desarmonías en la artificialización de ecosistemas Los pueblos originarios prehispánicos establecieron relaciones de interacción con la naturaleza, en función al desarrollo de valiosas experiencias y conocimientos sobre ella: su capacidad de observación y aprendizaje en miles de años, a través de múltiples pruebas de ensayo-error(8), implicaron un proceso continuo de artificialización (antropización) del espacio-territorio ocupado.

Numerosas investigaciones confirman que durante los multiprocesos de ocupación-adaptación territorial y ambiental, las sociedades originarias -por necesidad de sobrevivencia- desarrollaron conocimientos pormenorizados de la estructura, composición y funcionamiento de los ecosistemas y pisos altitudinales: su compleja biodiversidad, sus microclimas y los componentes físicos de distribución espacial (vertical-altitudinal y horizontal-longitudinal). Así, de forma progresiva ensayaron las modificaciones necesarias que aseguraran su sobrevivencia. Es el caso de las culturas agrocéntricas en zonas alto andinas, que conocieron el comportamiento microclimático, modificaron ecosistemas, domesticaron plantas y animales y manejaron la biodiversidad hasta convertirlos en complejos agroecosistemas.

Con el tiempo, por efecto de la modernización agraria convencional e industrialización, están en riesgo de perderse los sistemas tradicionales de conocimientos y prácticas de los pueblos originarios sobre el medio físico e indicadores bioclimáticos, su taxonomía biológica folklórica, sus prácticas de producción y su naturaleza experimental. De allí que, frente a la crisis ambiental y al fenómeno del cambio climático, los saberes y prácticas locales han adquirido tal dimensión e importancia que están sirviendo de base para el desarrollo de nuevos conocimientos científicos y medidas adaptativas(9). Las sociedades prehispánicas construyeron sistemas de vida resilientes adaptados a diferentes medios, logrando un alto grado de conocimientos frente a la variabilidad climática y factores adversos(10). En ecosistemas de altas montañas, las poblaciones originarias evolucionaron según su capacidad de adaptación o inadaptación, bajo condiciones disímiles en el manejo de la oferta de recursos disponibles y según los tipos de organización socioeconómica y de racionalidad empleados en el manejo de los ecosistemas. Son pues procesos supeditados al desarrollo de determinadas capacidades de resiliencia social (fuerte o débil) de las distintas sociedades y culturas para superar las dificultades y lograr adaptarse al entorno territorial y microambiental o de lo contrario fracasar e inadaptarse(11).

El grado de manejo y control energético local en el proceso adaptativo de las poblaciones originarias es clave. Depende de las tensiones, formas de interacción y de los niveles de intercambio de flujos de energía: incremento de los “outputs” y reducción de los “inputs”. En consecuencia, frente a la variabilidad climática y otros factores adversos, reducir el grado de incertidumbre en el manejo de los factores microambientales y maximizar la resiliencia y la eficiencia energética local, mediante el uso intensivo de conocimientos y tecnologías innocuas, organización de la mano de obra, etc., posibilitará un mayor grado de subsistencia y autonomía de las poblaciones locales en la gestión de sus recursos naturales.

A diferencia de estudiar las implicancias ambientales desprendidas de los mecanismos adaptativos ensayados a nivel individual, es a nivel colectivo en el que se configura y expresa mejor la forma predominante de relacionamiento de las sociedades y culturas con su entorno territorial y ambiental. El sentido de identidad y la pertenencia territorial de las poblaciones originarias se expresan con mayor nitidez cuando se refieren a lo colectivo, porque expresan su cosmovisión y existencia misma como tales (su imaginario). Estas formas de identidad territorial colectiva permitieron la construcción de una relación respetuosa con la naturaleza y una línea de continuidad e identidad generacional alrededor de ella.

Actualmente diversos factores como la densidad demográfica y estilos de vida de los países que incrementan la presión de uso sobre los recursos naturales y el ambiente (huella ecológica), la expansión de la economía de libre mercado y los proyectos extractivos de recursos naturales, la crisis sistémica y las políticas centralistas y excluyentes de desarrollo de los países, los procesos de industrialización contaminante y de transferencia y dependencia tecnológica agroalimentaria norte-sur, la injerencia económica y comercial de las corporaciones transnacionales y los países hegemónicos sobre los recursos naturales y medios de vida de los pueblos originarios, la erosión de los conocimientos tradicionales, etc., son factores determinantes del fenómeno del cambio climático global, y que de hecho vienen impactado en la problemática de inseguridad alimentaria y pobreza de las poblaciones rurales en ecosistemas de altas montañas. Es pues imperativo realizar investigaciones en medidas adaptativas que recojan y potencien conocimientos tradicionales y fortalezcan la capacidad de resiliencia local.

Notas:

(*) Mag. Ing. Agrónomo, Consultor en Gestión Ambiental y Desarrollo.

1 “Las comunidades indígenas y su evolución en el proceso de adaptación territorial, resiliencia y desarrollo endógeno: teorías y notas del contexto latinoamericano”, ensayo de Walter Chamochumbi, Lima. 2006.

2 Julián Steward, 1955, pp.14-15, citado En Emilio F. Morán (1996),”La ecología humana de los pueblos de la amazonia”, (1982b, p.43), p. 44-45).

3 Citado por Emilio Morán (1996), Ibíd., p. 45.

4 “Evolución y cultura”, 1960, en Morán (1996), Ibíd., en base a trabajos de Julián Steward y Leslie White.

5 Op cit de Salhins y Service pp.12-13, en Emilio Morán (1996), Ibíd., p. 49.

6 “la sociedad y la naturaleza pueden ser consideradas como dos sistemas independientes que se contraponen o bien que interactúan y se complementan, lo cual constituye la base del planteamiento dualístico del problema. La otra opción considera a la sociedad-naturaleza como una sola unidad indivisible que se integra como un todo, lo cual es la base del planteamiento monístico del sistema” Op cit de Juan Gastó (1994), p. 131…”Aproximación Agroecosistémica”, en Módulo I “Agroecología: Bases Históricas y Teóricas”, Curso sobre Agroecología, CLADES-CIED, Lima, pp. 123-135.

7 Citado por Juan Gastó. Ibíd.

8 Nicolo Gligo y Jorge Morello (1980)…“Notas sobre la historia ecológica de América Latina”, publicado en Estudios Internacionales, 13, Nº 49, Santiago de Chile, enero-marzo de 1980, pp. 112-148.

9 Miguel Altieri (1994)…”Por qué estudiar la Agricultura Tradicional”, en Módulo I “Agroecología: Bases Históricas y Teóricas”, Curso sobre Agroecología, CLADES-CIED, Lima, pp. 71-81.

10 Ver Consorcio GTZ/FUNDECO/IE (2001)…”Protección, recuperación y difusión de conocimientos y prácticas tradicionales”, Documento preliminar para revisión por países, CAN, Estrategia Regional de Biodiversidad, La Paz – Bolivia, 97 p.

11 La antropización de ecosistemas no ocurre bajo condiciones homogéneas ni relajadas. Al contrario, mayormente ocurre bajo condiciones de alta heterogeneidad ecogeográfica y de constante tensión en el manejo de los factores micro-ambientales.

Fuente: Ecoportal.net

 

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